Naturaleza y atención

La vida actual en la ciudad, con su fuente casi interminable de necesidades y demandas, satura nuestra capacidad de atención dirigida. Constantemente estamos centrados en cosas como «tengo que hacer esto, esto y esto en el trabajo», «hay que comprar», «este fin de semana tengo un matrimonio y dos cumpleaños», «tengo que recoger a mis hijos», «no puedo dejar de revisar las redes sociales». O bien estamos en un ambiente estresante haciendo una actividad tras otra o nos hallamos sumergidos en una virtualidad que nos satura de imágenes y datos que nos generan necesidades o pensamientos negativos.

Y llega un momento en que nos bloqueamos por agotamiento y repetición de conductas compulsivas.

Los entornos naturales, en cambio, son un potente inductor de bienestar al modificar nuestro estado de conciencia. Cuando estamos en el campo, en un gran parque, frente al mar o en un sitio lleno de árboles cerca de la montaña y apartado de la ciudad y la virtualidad, nuestra atención dirigida descansa y es reemplazada por la fascinación. Podemos ralentizar el tiempo y simplemente existir, conectarnos con uno mismo y nuestro entorno, que tanta falta nos hace, y relajarnos.

Este descanso es restaurador porque ayuda a reponer las habilidades de atención dirigida que han estado saturadas, ya que en la naturaleza casi no hay contaminación visual o auditiva, ni información y estímulos pretenciosos. ¿Cuándo fue la última vez que te diste un descanso contemplando la naturaleza?