¿Se fijaron ya?

¿Se fijaron ya en cómo está hoy el cielo? ¿Qué color predomina? ¿Hay nubes? ¿Cómo son? Aun si cierro mis párpados móviles puedo notar el resplandor. Y al abrirlos, la luz arranca vívidos verdes de las plantas.

Detengámonos un momento para percibir la velocidad y la temperatura del viento. ¿Desde dónde nos golpea? ¿Qué habrá tocado antes de llegar a mí?

Y luego, podemos también prestar atención a nosotros mismos dentro del paisaje. ¿Cómo estoy yo cuando contemplo el cielo? ¿Qué tan consciente estoy de mi cuerpo y todo lo que percibo? Todo es captado por nuestros sentidos, aunque pocas veces nos detengamos a disfrutarlo.

Tal vez estamos demasiado conectados con la virtualidad, con las redes sociales que están llenas de la vida ajena y paisajes bidimensionales, con videojuegos que narran la historia de otros o no narran nada y nos distraen, o con las actividades que no nos hacen felices, pero que hacemos una y otra vez porque nos sentimos atrapados en ellas.

Ahora mismo, fuera de las pantallas y la cárcel de las actividades que no nos llenan, hay un mundo de sensaciones al que podemos acceder: nuestro mundo y nuestro cuerpo en el mundo, respirando y siendo parte de un sistema y un macrosistema.